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Un llamado impostergable de Reforma

Un llamado impostergable de Reforma

Arq. Vanessa de Mari
Secretaria
Asociación de Constructores de Puerto Rico

Mucho se ha discutido en el País, sobre la deseabilidad de promover la construcción de mayor densidad, el redesarrollo de los centros urbanos y el promover aquellas modalidades de vivienda que impacten el menor terreno posible.

Lograr ello requiere mucho más que meramente declararlo como un dogma irrefutable. Exige que miremos detenidamente nuestro marco legal vigentepara examinar si el mismo promueve o derrota esa aspiración tan auspiciada y enarbolada por un gran sector del País.

Ejemplificando esa disparidad entre aspiración de política pública y marco jurídico existente, nos vemos anclados casi irremediablemente en una Ley de Condominios, que desde hace más de una década, no se somete a una revisión sosegada y reflexiva de su contenido.

Lastimosamente, hoy la Ley de Condominios conserva vestigios de procesos decisionales que claramente son antidemocráticos. Se mantiene en la Ley de Condominios, un criterio decisorio de unanimidad que organismos jurídicos, políticos, económicos y sociales, han descartado de forma absoluta. Es decir, lo que para el resto de los procesos democráticos se decide por mayoría, en la Ley de Condominios de Puerto Rico, se secuestra el proceso a lo que una persona o una ínfima minoría decidan, propiciando la manipulación burda del proceso de toma de decisiones.

De igual forma, la Ley de Condominios vigente y la legislación relacionada penaliza a los propietarios de apartamentos sometidos a dicho régimen, obligándoles a pagar en su contribución sobre la propiedad inmueble, contribuciones sobre facilidades comunes que residentes de otras modalidades de vivienda no pagan.

Lo anterior es solo un ejemplo de cómo el marco legal establecido puede derrotar lo que deseamos hacer como sociedad, de cómo algunas de nuestras leyes van simplemente en contra de la razonabilidad y de lo justo. Pero más importante aun, cómo algunas de nuestras leyes impiden lo que tantas veces defendemos y queremos para nuestro País.

En fin, cada vez que levantemos nuestra voz para clamar para que se revitalicen nuestros centros urbanos o que tengamos desarrollos de mayor densidad, alcemos también la voz para cambiar leyes que solo parecen tener sentido en la visión teórica de un sector de la academia, perono así para el ciudadano común, para el sector empresarial y para el propio gobierno, para quienes no tiene ningún sentido.

Aprovechemos la coyuntura histórica que vive el país, para pensar fuera de la caja y cambiar lo que no tiene sentido práctico y en nada abona al progreso y el desarrollo de nuestro Puerto Rico.

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