Emilio Colón Zavala erige su ruta hacia una construcción segura

20 de mayo de 2018 – La industria de la construcción lleva más de 10 años en dramática contracción, y en el área de vivienda ha llegado a estar en modo de supervivencia. A las pocas horas de pasar el huracán María, se hizo evidente que para la recuperación de Puerto Rico iba a ser necesaria una reactivación potente de todo el gremio. Al ingeniero Emilio Colón Zavala le ha tocado dirigir una de las principales organizaciones de la industria, la Asociación de Constructores de Puerto Rico (ACPR), precisamente en esta coyuntura, que puede implicar el resurgimiento de lo que fue uno de los principales motores económicos de la isla. Pero para Colón Zavala, una bonanza verdadera requiere ayudar a “romper el círculo vicioso” de la reconstrucción informal e insegura, como pasó después del huracán Hugo y Georges. “Quiero que la percepción de la gente de cómo construir de manera adecuada cambie, que tengan las herramientas, que aprendamos del pasado y no repitamos los mismos errores”, expresó Colón Zavala.

Cuando a ocho meses del huracán miles de familias aún no tienen con qué mitigar o reconstruir sus viviendas dañadas, ¿cómo planifica concretizar su deseo de que menos personas resuelvan sin pensar en la seguridad de cara al próximo desastre?

Va a ser casi un trabajo de evangelización.

Cuando compras un mueble para montar, las instrucciones explican paso a paso con imágenes, no hacen falta ni palabras. Pero entonces la gente compra una ventana y no tiene ese manual. En las universidades con Escuela de Derecho hay una clínica legal. Si eres indigente,  alguien te va a ayudar a ir al tribunal. Tienes manera de hacerlo, tienes acceso. Pero eso no existe en la ingeniería y la arquitectura, cuando de la construcción depende la vida de mucha gente. Entonces, ¿cómo lo hacemos? En la ACPR tenemos conversaciones con la UPR (Universidad de Puerto Rico) para desarrollar un mecanismo similar con estudiantes, bajo supervisión profesional. Muchos negocios han sufrido también el embate de María.

¿Cómo les ha ido a los socios de la ACPR?

Con todo, ya ha habido cierta mejoría en la venta de vivienda. Nos empezamos a dar cuenta de que la gente empezó a ir a los proyectos más de los que iban antes. Con más tráfico, las opciones han aumentado también. Para algunos que temían adquirir una vivienda por la devaluación de las propiedades, se ha convertido en un tema de seguridad, no solo de precio. Llega gente con la carta de FEMA de que les concedieron ayuda individual y nos dice que no quieren reparar su casa, sino tener una nueva en otro lugar. Surgió la pregunta de si eso era siquiera posible. FEMA ha dicho que lo tratan caso a caso. Ahora, los que hacen trabajo en el gobierno han tenido problemas con el pago, como han denunciado los contratistas (de la Asociación de Contratistas Generales). Hay proyectos que se han postergado. Algunos están empezando ahora. Ha habido un desfase en gente que ha aplazado mejoras por los temas del huracán y es ahora que se está empezando a ver una mejoría en ese tema. ¿Les afectó la migración? —Algunos sacaron a su familia temporeramente, pero todos han vuelto a operar y están más o menos estabilizados.

¿Qué reportan en cuanto a acceso a materiales de construcción y mano de obra?

Hay dificultad para conseguir mano de obra. Lo que ha pasado en el mercado de empleo es que hay mucha gente que ha dejado el trabajo para irse a trabajar con FEMA u otras oportunidades de disaster relief, aunque sea por una cosa temporera. Ciertos profesionales también han empezado a escasear. Los materiales están escaseando porque la gente está reconstruyendo. Muchos se está yendo a la montaña. Y eso es ahora, imagínese cuando empiecen a fluir los fondos federales de verdad.

La Junta de Supervisión Fiscal ha estimado que solo 12 centavos de cada dólar de ayuda tendrá impacto directo en la economía local. ¿Qué hace la ACPR para promover que más empresas, suplidores y profesionales de aquí se contraten en las obras que se emprendan con fondos federales?

La gente del gobierno federal dice que el local no tiene capacidad porque no ha removido, por dar un ejemplo, tres millones de yardas cúbicas de escombros en cinco años. Por favor, claro que no. Pero la realidad es que, de la mano de cada desastre y de FEMA, vienen compañías y suplidores que viven de eso, del desastre. Ellos se aseguran que están primeros en la fila. Los federales vienen con una receta y no quieren desviarse del libreto. Es como tratar de mover una pared. Es bien difícil. Por eso, nuestra estrategia ha sido concentrarnos en proponer programas, que tengan soluciones de mercado, con requisitos lo más sencillos posibles.

¿Considera entonces un logro que la propuesta de la ACPR de establecer un programa de vales para adquirir vivienda segura figure en el plan de acción que presentó el Departamento de la Vivienda para el uso de los fondos CDBG­DR?

Es un logro en la medida que podamos implantarlo bien. Que logremos maximizar el número de gente que pueda beneficiarse de los asignaciones significativas que se han anunciado, que los fondos no acaben perdiéndose porque, como pasó después de Georges, ya mucha gente había resuelto. Por eso, el tiempo no es nuestro aliado. En el tema de infraestructura tampoco, porque si no se arregla la energía y las carreteras a tiempo, nos va a costar. Además de las trabas que plantea sobre estilos arraigados en el gobierno federal, ¿cómo ve la capacidad local para acometer la reconstrucción? —Si hay capacidad para el 100% de lo que viene, tengo que decir que no necesariamente, aunque la industria aquí ha sido muy resistente, es muy profesional y con alta capacidad técnica. Sí creo que tenemos la oportunidad de tener otro “Manos a la Obra”, el de nuestra generación. Pero el tema burocrático es enorme. Creo que el sentido de urgencia los colegios (profesionales) lo tienen, el tercer sector lo tiene. El gobierno estatal tiene también urgencia, pero el gobierno federal no tanto.

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